miércoles, 18 de noviembre de 2009

Flores Carlos Vicente Geroni

Flores Carlos Vicente GeroniFlores Carlos Vicente Geroni

Partitura de A la luz del Candil de Flores Carlos V. G.Partitura de A la luz del Candil de Flores Carlos V. G.


FLORES, Carlos V. G. (Nombre de familia: Alejandro Carlos Vicente Geroni).
Músico. Pianista. Director. Compositor. Nació en Buenos Aires, en Corrientes y Esmeralda, el 22 de marzo de 1895. A los cinco años de edad inició sus estudios musicales, cursando piano con Ernesto Dragonsch y en el Conserservatorio Real de Lisboa del que egresó con una beca al Brasil para estudiar contrapunto y armonía en la filial brasileña del Conservatorio Real de Lisboa del que egresó con títulos de profesor superior de piano y de violín, en 1911. Sus primeras presentaciones en público las realizó en Buenos Aires, interpretando a compositores europeos, en el Prince George's Hall y en el Salón La Argentina.
Actuó luego como violín concertino de la orquesta del elenco de operetas Cittá di Milano. Sin embargo, su pasión por el tango lo unió poco después a Enrique Saborido en un atrevido proyecto de viajeros: seguir las huellas pioneras de Ángel Villoldo y de Alfredo y Flora Gobbi por Europa.
Así lo hicieron, actuando con marcado suceso en Roma, Amberes, Londres y París, donde él tocó el piano y Enrique Saborido ofreció exhibiciones de la danza del tango.
Y al estallar la Primera Guerra Mundial regresaron a Buenos Aires. A partir de 1915, ya en los umbrales de su madurez de artista, contribuyó a la par de Eduardo Pereyra, de Juan Carlos Cobián, de Enrique Delfino—todos ellos ejecutantes de buena formación técnica para la época— a la rápida evolución pianística que se verificó a la sazón y la cual fue el cimiento de toda una corriente de estilos, en orquesta o en solo, llevada a su primer apogeo por José M. Rizzuti, Francisco De Caro, Osvaldo Pugliese y otros. Una de sus más señaladas actuaciones tuvo lugar en el foyer del Teatro de la Ópera, donde reemplazó a Delfino en un dúo de piano y violín con Agesilao Ferrazano, cuya refinada modalidad marcó una época; Alhambra, tango romanza suyo, de rica melodía, grabado para la casa Víctor, es una muestra perfectamente representativa de esa labor. Se presentó, en carácter de solista de piano, en el café Colón, de la Avenida de Mayo, formando asimismo su sexteto en el que alternaron entre otros, Manlio Francia, Agesilao Ferrazano, Bernardo Germino, Arturo Bettoni (violines) y Carlos Marcucci, Juan B. Guido y Ricardo Brignolo (bandoneones), registrando siempre para Víctor versiones como El secante, de Brignolo, en estilo próximo, aunque valorativamente por debajo, a los de Cobián o Fresedo. Obtuvo a la sazón un augural suceso de compositor con el tango Melenita de oro, que, llevó letra de Samuel Linnig y estrenó la actriz Manolita Poli el 25 de agosto de 1922 durante las representaciones del saínete Milonguíta, ofrecido en el Teatro Nacional. Re-frendó la calidad melódica de esta composición con otro tango de 1923: La cautiva, consagrado en el disco ese mismo año por una memorable realización vocal de Carlos Gardel. A éstos siguieron, entre otros, Maniquí, Campana de piafa, La traición, Pajarraco, Melancólica casita, Andate con la otra, Virgen del perdón, Sólo se quiere una vez y la música para el romance de Reta y Viale La Sangre de las Guitarras, estrenado en 1929. En 1931 resolvió volver a Europa. Le acompañaron en esa ocasión los bandoneonistas Moresco, Gino y Presas y los vio-linistas Marcy y Canfrance, así como el "chansonnier" Alfredo Marino. Actuó con su conjunto sucesivamente, en locales, teatros y emisoras de Río de Janeiro, Islas Canarias, África del Norte, Italia y ciudades diversas de España. Una creciente racha de circunstancias adversas le llevó a la disolución de su orquesta. Y, anclado en Lisboa, ganó para su vida con lecciones de piano y de canto. Poco a poco, sin embargo, fue rehaciéndose, y ya en plena recuperación es-piritual fue llamado para musicalizar la película Pan Nuestro, rodada en Portugal y en la cual participó también como actor.
Una vez terminada esa actuación, retornó a España, donde luego nació su vocación por la pintura, a la que se entregó con idéntica pasión que a la música y en la cual alcanzó a descollar con exposiciones altamente cotizadas en distintos centros artísticos de Europa. Falleció en Madrid a los cincuenta y ocho años de edad, en casa del conde de Arcentales, el 22 de junio de1953. 

Por Horacio Ferrer