lunes, 27 de setiembre de 2010

Feliciano Brunelli

Feliciano Brunelli en la RCA VictorFeliciano Brunelli en la RCA Victor
Feliciano Brunelli: Algo de la vida y mucho de la obra grabada de Feliciano Brunelli -un auténtico baluarte de la música popular-, hoy está casi olvidado. Para los que lo conocieron y apreciaron sus melodías sigue siendo "el dueño de la alegría", y tanto su vida como su obra tocan muy de cerca la historia de nuestra ciudad de Rafaela. Por eso, por esta única vez publicaremos en tres entregas un extracto de la nota "Brunelli, el mago del acordeón", investigación histórica de Néstor Saavedra. Agradecemos a la revista "Todo es Historia" -dirigida por Félix Luna- por habernos facilitado el grueso del material.

Una y otra vez se ha escrito sobre la falta de memoria de los argentinos. El personaje de este artículo es una interesante víctima de ese olvido. Grabó en las dos principales compañías de la Argentina productoras de discos durante casi cuatro décadas (1928 a 1966). Escribió más de cuatrocientos temas musicales y llevó al disco cerca de ochocientas interpretaciones, solo o como director de distintas formaciones.
Creó una denominación para un tipo de orquesta que no era ni de jazz, ni típica: la orquesta característica.
Fue artista exclusivo de Radio Belgrano durante un cuarto de siglo.
Indudablemente resultó el músico más apreciado por la enorme masa de inmigrantes e hijos de inmigrantes que encontraron sus raíces en la producción musical de este eximio acordeonista. Sin embargo, casi no se encuentran datos de él ni se ha escrito un libro sobre su vida y obra.
Ese genial compositor, intérprete, arreglador y director se llamaba Feliciano Brunelli. Su música lo arrastró al olvido, porque en la década de 1960, cuando en nuestro país resaltaron el rock y el folclore, el tango se resquebrajó sensiblemente y muchas grandes orquestas típicas se disolvieron, pero la música "característica" casi desapareció por completo. Y con ella se fue el "mago del acordeón", como se lo conocía popularmente. Posteriormente también cayó en la amnesia intelectual y revisionista, pues, al no dirigir una orquesta típica, aunque pocos saben que compuso y ejecutó tangos, quedó fuera de muchas historias, artículos y diccionarios del tango. Un ejemplo ilustrativo es que en muchas grabaciones del Cuarteto Brunelli se luce, como en pocas obras, el insigne violinista Elvino Vadaro. Sin embargo, sus biógrafos raramente mencionan su paso por esta formación aunque recuerdan con detalle sus aportes al tango.
En estas tres entregas, nos proponemos entonces dar a conocer algunos aspectos de la vida de Feliciano Brunelli y analizar su obra a la luz de esa etapa de la historia nacional.

Su Infancia

El último tema que Feliciano Brunelli grabó como solista fue el vals de su autoría "A ti madre", el 12 de mayo de 1930. Su mamá fue precisamente Ardovina Bontempi, quien dio a luz a Feliciano en Marsella, Francia, el 7 de febrero de 1903 en calle Plaza de Julio N° 14. El papá, Juan, era un italiano como Ardovina, que, cuando vivían en Ossimo, Italia, hasta 1890, se dedicaba a la manufactura y afinación de acordeones. Con esta profesión se mudó a la costa del Mediterráneo francés, donde parece haberle ido muy bien, pues logró una medalla de oro en un concurso en el que se presentaron 120 acordeonistas, en 1893.
Muy chico Feliciano viajó a la Argentina con su familia y tíos paternos: Gustavo, Alejandro y Francisco. Sólo quedó en Italia Elvira, la única hermana de Juan. Juan, Ardovina y su familia, con algunos otros hermanos de Juan, se establecieron en Rafaela.

Familia de Músicos

El 10 de junio de 1953, la orquesta característica de Feliciano Brunelli graba "Mezza Italia in Argentina", un tema escrito por un francés, el propio Feliciano, y un italiano, Mario Batistella, ambos hijos adoptivos de nuestra patria, en donde realizaron toda su extensa obra de músico y letrista, respectivamente. El título de la obra es por demás significativo y de alguna manera nos lleva a esa Argentina receptora de inmigrantes a la que el acordeonista llegó de pequeño, y a ese punto específico dentro de las enormes extensiones pampeanas, Rafaela, concentrador de italianos, especialmente piamonteses, y muchos de ellos grandes músicos. Según el censo de 1895, en Rafaela vivían 2.228 personas; más de la mitad eran extranjeras: 1.168, de las cuales 928 eran italianas.
Al llegar al país, Juan Brunelli abrió una casa de venta y reparación de instrumentos en el bulevar Lehmann y Ameghino de Rafaela. Con el tiempo fue importadora de los reputados acordeones Scandalli. En el taller trabajó el primo de Feliciano, Virgilio Marcucci, que quedó al frente del negocio a los catorce años, cuando "el mago" se radicó en Buenos Aires. El tío Francisco también reparaba instrumentos, profesión que había aprendido en la famosa fábrica de acordeones de Settimio Soprani en Italia. Se casó con María Carbonari, también italiana, con quien tuvo ocho hijos: los cuatro varones fueron músicos que animaron decenas de bailes en el oeste santafesino, el último de ellos en la Sociedad Italiana de Ataliva. Atilio, otro de los primos de Feliciano, se dedicó profesionalmente a la música y trabajó en el Conservatorio Nacional de Música de Córdoba, ciudad en la que ofreció muchos conciertos de música clásica.
Además del contacto con la música de su padre, Feliciano concurría a estudiar piano con Luis Ricci. A los trece años tocó en una fiesta con su papá y comenzó a trabajar profesionalmente ejecutando el piano en los cines (en la década de 1920 tocaba en el Colón) y recorriendo pueblos vecinos con una carpa católica que funcionaba como capilla de campaña.
En Rafaela intervino en varias formaciones orquestales como atestiguan diversas fotos. La primera que dirigió lo hizo en colaboración con Miguel Angel Cetta, y duró cerca de un lustro, acompañados por Tulio Tieri, A. Gutiérrez y Roberto Puchetta. Cetta, violinista al que Brunelli le grabó dos temas (el vals "Recuerdo de un querer", el 12 de diciembre de 1940 con el Cuarteto Criollo y la voz de Oscar Valeta; y la marcha tarantella "Marcha de los novios", cantada por Alberto Radamés y Oscar Valeta, el 27 de junio de 1941), dijo en un reportaje que Brunelli tocaba "muy bien el acordeón, pero el piano sólo lo ejecutaba de oído, así que le tuve que enseñar algunos acordes para que me acompañara".
Brunelli también tocó en la típica y la característica de Rafaela, que dirigía José Vaquero, quien curiosamente había sido compañero de estudios de Feliciano Brunelli, pero prefirió dedicarse al bandoneón antes que al acordeón. Aunque era joven, fomentaba el entusiasmo por la música de muchos jóvenes rafaelinos. Narciso Paludi, por ejemplo, a los catorce años, ya tocaba con Brunelli. Posteriormente sería director del conservatorio musical Mozart en Rafaela. Otros acordeonistas rafaelinos se incorporarán luego a la gran orquesta de Brunelli, como Juan Aira, Garibotti, Esteban Milanesse y, según tradiciones orales, Lorenzo Platinetti, Romualdo Reggiani, discípulo de Luis Ricci (como Brunelli), fue uno de los pianistas de la orquesta de Feliciano en sus mejores momentos.
Feliciano Brunelli grabó por primera vez para el sello Odeón en 1928.
En 1933 pasó a Víctor donde permaneció durante 33 años. Por esta causa a mediados de la década de 1930 se radica en Buenos Aires.

En la city porteña

Su llegada a la capital argentina causó furor. José María Colombo, propietario de una casa de música de Rafaela, recuerda que a Brunelli lo contrató la fábrica de acordeones Hooner y esto generó un gran interés del público por oír y estudiar el instrumento.
Su éxito estuvo ligado, como sus inicios en Rafaela, a la presencia de una gigantesca masa de inmigrantes. Entre 1875 y 1914 llegaron a la Argentina más de cinco millones de extranjeros, el 14% del volumen mundial. De ellos unos dos millones eran italianos. El flujo menguó luego de la Primera Guerra Mundial, pero entre 1921 y 1930 arribaron unos 368.000. La enorme mayoría se asentó en la pampa húmeda y en sus grandes ciudades, como Rosario y Buenos Aires. Muchos, a fuerza de trabajar, lograron holgadas posiciones económicas y, por tanto, tenían tiempo para el ocio. En este rubro gustaban del teatro y la música italiana, y por lo tanto eran fervientes consumidores. En muchos casos se aunaron en asociaciones culturales (Unione e Benevolenza, Patria e Lavoro, Tiro al Segno, Italia Unita, etc.) para cuyas fiestas se contrataban orquestas características que les despertaban la nostalgia pero a la vez los divertían con temas de su terruño. La Sociedad Dante Alighieri promovió el estudio del idioma italiano y patrocinó viajes de conferencistas y compañías de teatro. Además, a medida que se popularizaron los medios de difusión muchos italianos de todas las clases sociales demandaron tarantelas, canzonetas y marchas. No es extraño, entonces, que gran parte de los temas que tocaban los conjuntos de Feliciano Brunelli estuvieran orientados a este público, en muchos casos, cantados en italiano.
Los inmigrantes españoles superaron en número a los italianos desde 1905, y en 1920 la ciudad de Buenos Aires tenía la comunidad gallega más grande del mundo fuera de la península Ibérica. "Se estima que en el período que va de 1887 a 1924 aproximadamente un millón de españoles optó por quedarse definitivamente en el país". También conformaron instituciones donde las artes hispanas fueron promocionadas, como el Centro Galicia o el Centro Asturiano. Ellos serían voraces consumidores de pasodobles, jotas, corridos, bulerías y otros ritmos españoles, presentes en el repertorio de Brunelli. Además de esta gran cantidad de inmigrantes y sus hijos, que buscaban escuchar y bailar la música de su sangre, el país estaba en el punto exacto para que Feliciano Brunelli dejara de ser un gran músico en Rafaela para convertirse en el "mago del acordeón" en la Argentina.
Este salto se inicia a mediados de la década del '30, cuando los productos del fértil campo criollo ya habían ayudado a superar la crisis mundial de 1929 -1930. En política, el golpe de Uriburu era ya cosa del pasado y se vivía una estabilidad que se mantuvo hasta 1955 con la excepción de la revolución de 1943. No es raro entonces, que en esta época, de una suba del poder adquisitivo y una apertura de la clase media a nuevos escalones del consumo, la música y otras artes vivieran su edad de oro. El tango, por ejemplo, gozaba de gran popularidad en los años treinta (Canaro, Fresedo, Di Sarli, Lomuto, De Caro, Donato, etc.). Incluso es el punto de partida de magníficas orquestas, como Troilo (1937) y Demare (1938). Su época de consolidación se dará en el siguiente decenio.
Fuente: La Opinión online (Rafaela) en la web www.acordeonisima.com.ar Foto Museo Anconentani del Acordeon